Elaboro: Rosaura Paredes Fragoso EL PARADIGMA AXIOLÓGICO DEL EGOÍSMO EN EL MUNDO CAPITALISTA CONTEMPORÁNEO: SU PAPEL EN LA CATÁSTROFE ECOLÓGICAEl presente ensayo intenta explicar sucinta y concretamente, en un primer momento, el rol del egoísmo como vector que explica el despliegue y éxito del capitalismo en el mundo contemporáneo; una vez entendido esto, es objetivo final del trabajo tener en cuenta al egoísmo como potenciador axiológico (valor moral) de un sin fin de problemas del mundo actual, entre ellos el del cambio climático. Visto así el cataclismo ecológico, que provoca día a día el calentamiento global y sus consecuencias naturales, es producto de la búsqueda del bien individual en sus vertientes productivista y eficientista colegido a la relación con la naturaleza como objeto y considerada cosa insensible. La modernidad del mundo capitalista, que edifica sus cimientos en la economía mercantil nacida en las ciudades-estado italianas y en Flandes a fines de la Edad Media (hecho que coincide con el surgimiento del Renacimiento y el Humanismo), desarrollada por el ?aburguesamiento? del mundo occidental y en un advenir que se ha instalado como orden mundial a partir de la Primera Revolución Industrial hacia fines del siglo XVIII e inicios del XIX, se presenta como realidad apabullante hoy a inicios del siglo XXI. Dicha condición, que ha permado a todas las culturas y civilizaciones del planeta, al ser una realidad social avasalladora e inexorable en el siglo XX tras el derrumbe del socialismo real, se presenta como incuestionable y depredadora existencia socioeconómica, donde el mito del ?egoísmo humano? se despliega como el devenir natural del hombre. La condicionante axiológica y valor supremo del sistema capitalista de producción, el egoísmo, ha traido como consecuencia la destrucción de milenarias formas de organización social de diversas culturas humanas; pero conlleva un peligro todavía más grave: la destrucción del medio ambiente, cual consecuencia de una relación utilitarista y eficientista del hombre con la naturaleza, representación alfa-omega de la realidad del mundo burgués: la realidad sensible objetivada; no, cosificada, convertida en cosa a la disposición del hombre para ser transformada y encontrar beneficios materiales (progreso), consecuencia teleológica (destino del hombre) de dicha relación. La relación a la que hago referencia se basa en la concepción que el hombre occidental contemporáneo hace del ?universo como espacio natural para el despliegue lógico de sus capacides, poderes y habilidades? . El universo hecho para el hombre y, como consecuencia potencial, por el hombre. El egoísmo Ahora bien, el personalismo y egoísmo impelen al hombre a desarrollar potencialidad, habilidades, conocimientos y saberes que le ayuden a ser competitivo frente a sus pares. La competencia es, pues, un segundo valor que explica los niveles de progreso material que alcanzan las sociedad capitalistas en conjunto, aun cuando dicho bienestar se vuelve incongruente al ser examinado bajo la lupa. La competitividad, sustantivo abstracto y eufemismo de conflicto y lucha perenne entre los hombres ubicado en el plano de la ?civilidad?, se explica como motor del desarrollo científico y tecnológico que acompaña al mundo desde el siglo XVIII. La ciencia se entiende como praxis humana que busca conocimiento objetivo de la naturaleza y de los seres humanos. La tecnología es la aplicación concreta de los conocimientos científicos en procesos productivos que beneficien a la humanidad. No obstante, el producto científico es también propiedad privada, por lo que genera valor y posee valor. La ciencia como objeto cultural del capitalismo, que ya no se encuentra al servicio de la especie humana, sino de los potentados dueños de las multinacionales que financian la investigación científica y que no importa las consecuencias destructivas que puedan tener los avances técnicos si éstos aseguran productividad y rentabilidad. En este mundo, bajo las reglas axiológicas del modo de producción, todo es poseible y poseido. Georg Büchner, en su drama Woyzec pone en boca de la coplera, que nos narra la historia del soldado víctima de un científico sin ética y de su capitán de regimiento: ?Un hombre se puede medir, un hombre se puede pesar?. Se trata ya no sólo de la cosificación del hombre mismo, sino de la realidad, de la misma existencia al ser la humanidad extensión concreta de la realidad misma. Por ello, la naturaleza se vive y se percibe cual objeto poseible y poseido, a la total disposición del hombre para ser usada y para beneficiarse del mismo. El propósito de la ciencia y la tecnología en el paradigma dominante es someter a la naturaleza para sonsacarle el progreso: un progreso que sólo es concebido materialmente. El papel del egoísmo en la relación con el mundo Si la visión del mundo moderno acerca del hombre como centro del universo (nacida en el Renacimiento y el humanismo), llevada a su esplendor durante el siglo de las luces (la Ilustración del s. XVIII) y desarrollada durante el positivismo del siglo XIX y sus extensión neopositivista de inicios del siglo XX, se ha generado una relación depredadora con el mundo. Se trata de incrementar los parámetros eficientistas de explotación de la naturaleza y del ser humano como cosas. Al ser cosas, no se establece una relación sensible (en el sentido de percepción y sensación, es decir, sensitiva y de sentido común) con ella. Las cosas deben ser explotadas al máximo, obtener el mayor beneficio mediante el menor costo. La relación coste/beneficio es la expresión matemática bruta de dicha representación del mundo. El ahorro es el incentivador eficaz para hacer posible el uso de la ciencia y la tecnología para los fines expuestos. Paradójicamente, el ahorro financier implica el derroche de recursos. La ironía del sistema es plausible y encantadora. Por lo tanto, la producción tecnológica y científica aparejada a las sociedades de los siglos XIX y XX están circunscritas a lógicas que no consideran al mundo como hogar, sino como propiedad. Se colige, pues, que las diversas revoluciones industriales y el ?desarrollo? científico y material que ha traido, son reponsables directas de los problemas ecológicos que actualmente estamos experimentando. Para ser más precisos, hemos sido los hombres que fomentamos sin crítica dichas relaciones con el mundo. Ahora bien, la racionalidad antes descrita es una forma de pensamiento limitada, alejada del mundo fenómenico que ya no se percibe sensitivamente, sólo se encierra en la idea (no en el pensamiento) , que nos tiene ahora al borde del colapso ecológico y, por ende, de la civilización que ha eclosionado en la modernidad del mundo occidental y que se ha propagado por todo el planeta. El mismo paradigma axiológico del egoísmo nos ha provocado una ceguera, sordera, asimismo insensibilidad al tacto, al gusto y al olfato del mundo (la humanidad incluida en ella). Nos ha imposibilitado sentir el mundo o, al menos, durante cierto tiempo hasta que las huellas de la realidad son inexorables para hacernos ver el tamaño del cataclismo que estamos provocando con los modelos tecnológicos y los precedentes racionalistas en boga. No obstante, los avances científicos contemporáneos y la evolución de los paradigmas filosóficos que sustentan a la ciencia y han hecho crítica del positivismo y sus correlatos , han ayudado a que nos percatemos de los efectos hecatómbicos que el desarrollo industrial está provocando en los diversos ecosistemas de nuestro planeta-hogar: polución atmosférica, destrucción de la capa de ozono, contaminación del suelo y del agua; todos estos fenómenos son en sí el aglutinamiento desordenado, la saturación, el exceso de la relación objeto-sujeto cartesiana, la concepción ultra-racionalista del mundo y la ceguera ante la diversidad y la repetición, pues hasta ahora la ciencia convencional sólo generaliza, establece leyes dentro de marcos limitados por experimentos cuyas condiciones son controladas como representaciones de la realidad que nunca serán la realidad misma , pues esta se comporta caóticamente como efecto de múltiples factores yuxtapuestos, concatenados y correlacionados complejamente. La visión del hombre como centro del universo nos está llevando al cataclismo ecológico. Nos hemos excedido en considerar cosa insensible al mundo que nos rodea. La misma naturaleza nos está haciendo pagar con consecuencias lamentables: el cambio climático que altera el equilibrio atmosférico con temperaturas inusitadas (tanto a la baja y a la alta), y meteoros cuya intensidad y frecuencia nos dejan aterrorizados e impávidos (huracanes, tornados, nevadas, sequías, granizadas, tormentas, etc.). El incremento de los niveles de los océanos, consecuencia del derretimiento de los polos, que traerá como efecto el anegamiento de las actuales zonas costeras alrededor del mundo. La contaminación del aire que no sólo efectúa los fenómenos antes descritos, sino que también envenena al hombre mismo; la contaminación del suelo que lo desgasta y rompe los ciclos naturales que posibilitan la fertilización del mismo; la contaminación del agua que mata las especies marinas; la aniquilación y la extinción de cientos de especies animales y vegetales por todo el globo terráqueo. Sin embargo, el problema continuará mientras el egoísmo sea piedra angular de lo que seguimos considerando ?naturaleza humana?. El egotismo es parte del hombre, pero no es el hombre. El egoísmo sólo es una de las tantas posibilidades que tenemos como especie, y puede ser necesaria en determinadas circunstancia; pero de ahí convertirlo en piedra angular para relacionarnos con el mundo, es decir, representación de la esencia humana, es un fatal error. ¿Cómo, pues, abrir los ojos, cuando el egotismo, la egolatría y personalismo nos bombardean día a día, segundo a segundo, a través del aparato espectacular del mundo capitalista? FUENTES BIBLIOGRÁFICAS Büchner, Georg. Woyzec, Buenos Aires, 1985, Nuevos Aires Deleuze, Gilles. Diferencia y repetición. Bilbao, 1992, Amorrortu ediciones. Leblond, Lévy, Jean Marc y Jaubert, Alaín. (Auto) crítica de la ciencia. Editorial Nueva Imagen, México, 1980. Merleu-Ponty, Fenomelogogía de la percepción. México, 1975, FCE. Smith, Adam. La riqueza de las naciones. |